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Tragedia.

El peruano que se fue por trabajo a EEUU y acabó preso acusado de integrar una red terrorista

Carlos Arteaga junto con sus compañeros de armas, cuando cumplía el servicio militar obligatorio.
Carlos Arteaga junto con sus compañeros de armas, cuando cumplía el servicio militar obligatorio.
El sueño americano terminó abruptamente para Carlos Arteaga el día que lo detuvieron en Panamá por ser sospechoso de pertenecer a Al Qaeda, además de traficante de drogas. Su padre pide al presidente, Ollanta Humala, que no lo abandone, que lo ayude a demostrar su inocencia.

Lindberg Cruzado. Chimbote
María Elena Castillo. Lima

Alcibiades Arteaga Huaraz no acepta que la condena de once años impuesta en Estados Unidos a su hijo sea una sentencia firme y que el caso esté cerrado. Lo conoce de toda la vida y está convencido de su inocencia, por eso clama el apoyo del presidente, Ollanta Humala, pide que lo ayude a enmendar lo que califica como un error judicial.

"Mi hijo no es terrorista de Al Qaeda, ni traficante de armas, menos narcotraficante, fue un soldado que luchó por el Perú. Carlos es inocente; aceptó los cargos porque fue mal asesorado por su abogado en Estados Unidos, porque fue presionado y torturado para que se declare culpable sin serlo. Por eso está preso, pero algo se tiene que hacer", reclama indignado.

En este momento Carlos Alberto Arteaga Tapia, de 37 años, purga su condena en una prisión de Carolina del Sur, pero su calvario comenzó hace dos años, cuando recibió una oferta de trabajo, vía internet.

Don Alcibiades recuerda muy bien con cuánta esperanza se marchó su hijo en marzo del 2010. Refirió que le ofrecieron un trabajo de motorista en Estados Unidos, para lo cual debía viajar a Panamá para una primera entrevista con funcionarios de la empresa que lo contrataría.

"Le pagaron los pasajes y un día después de haber llegado a ese país, cuando esperaba a sus futuros empleadores, intervinieron el restaurante donde él estaba", relata.

Pasó una semana sin tener ninguna noticia de Carlos Alberto. En Chimbote, don Alcibiades, su esposa Julia y su nuera Rosmary rezaban por él, esperando su llamada y confiando en que su viaje traería tiempos mejores a la familia.

Sucedió todo lo contrario. Un día los llamó un abogado, cuyo nombre no recuerdan, a darles la mala noticia. 

"Allí empezó la pesadilla, esta terrible historia para mi hijo, su esposa, sus tres hijos y toda nuestra familia", afirma, lamentando el día que Carlos Alberto se fuera al país del norte en busca de un mejor horizonte.

"Al salir del Ejército, mi hijo se empleó como motorista de las embarcaciones pesqueras, fue mecánico y por último aprendió construcción civil. Como el empleo era escaso en Chimbote tuvo que buscar nuevos horizontes y por internet encontró la oportunidad de laborar en Estados Unidos, aunque sea de manera temporal. ¿Cómo iba a imaginar que esto sucedería?", se pregunta desesperado.

NO LO PODÍAN CREER

Doña Julia Tapia Luna, la madre de nuestro compatriota, fue quien recibió la trágica noticia por el teléfono.

Se sorprendió al escuchar la voz de un hombre que no hablaba casi nada de castellano, que se identificaba como el abogado de su hijo y le informaba que estaba preso en Miami. Le dijo que se requería urgente 3 mil dólares para iniciar su defensa.

"Mi esposa pensó que se trataba de una estafa, como las que suelen conocerse en las noticias. Indagamos varios días y no descubrimos nada, hasta que volvieron a llamarnos, esta vez confirmamos que era cierto, mi hijo estaba siendo acusado de graves delitos siendo inocente", cuenta don Alcibiades.

La familia del ex soldado se derrumbó ante la noticia. No sabían qué hacer, de dónde sacar el dinero para la defensa. "Con lo que gano no podría juntar esa cantidad en dos años y sin darles de comer a mis nietos", sostiene, ilustrando de esa manera la situación de pobreza en que viven.

FUE TORTURADO

Don Alcibiades denuncia que su hijo fue obligado a confesar su presunta culpabilidad, sometiéndolo a presión y torturas.

"Estuvo varios meses incomunicado en Miami. Un día nos llamó y dijo que lo estaban acusando de terrorismo y tráfico de armas. Lo tuvieron castigado como 8 meses en un lugar que llaman 'El Hueco', que es una celda de castigo. El  abogado que le buscaron le aconsejó que se inculpe para que lo saquen de ese hueco", manifiesta enfadado.

Alcibiades afirma que su hijo les dijo que cuando estuvo en 'El Hueco' fue golpeado y sometido a maltratos.

"Prácticamente él quería morirse. Imagínese 8 meses en ese hueco, tirándole agua, golpeándolo. No pudo soportar más. Su abogado le dijo que acepte los cargos y saldría de allí en poco tiempo. Entonces, él aceptó, sin pensar que lo estaba asesorando muy mal", manifiesta.

Aún así, le han quedado varias secuelas de esos maltratos. Sufre de tuberculosis y está delicado de salud. "Mi hijo está allá, solo, sin una buena defensa. Hay que ser padre para sentir este dolor inmenso de saber que mi hijo está encarcelado injustamente", dice con la voz entrecortada.

GRAN HERMANO

Maritza Arteaga Tapia defiende la inocencia de su hermano, recalcando que Carlos Alberto se enroló al servicio militar, y en las filas del Ejército combatió la subversión en el Perú en la década de los 90.

"Mi hermano siempre tuvo sus ideales, es un hombre verdadero. ¿Cómo dicen que es terrorista si luchó contra la subversión en nuestro país? Es algo que no tiene sentido. Es increíble", refiere.

Asevera que ninguno de los miembros de su familia tiene bienes ni dinero, como para que digan que es narcotraficante o traficante de armas.

"Si viajó fuera del país fue porque quiso forjar un futuro mejor para su esposa y sus hijos. Siempre hemos sido humildes. Él no tiene una casa, un carro, una cuenta en el banco, no tiene nada material para que lo involucren en el narcotráfico. Cuando lo intervinieron no lo hallaron con droga ni con armas, no existen pruebas en su contra y nunca fue llamado a declarar", protesta.

Todo hace pensar que el delito de Carlos Alberto fue haber nacido pobre y no haber podido pagar un buen abogado que pudiera demostrar su inocencia.

FUE AL EJÉRCITO CON SU HERMANO

Carlos Alberto Arteaga Tapia se enroló en el servicio militar obligatorio en la década de los 90, junto a su hermano gemelo, de nombre Luis. Ambos fueron enviados a diversos batallones contrasubversivos a participar en la lucha contra el terrorismo.

Además, estuvieron destacados en varias instalaciones del Ejército Peruano. En su vivienda se guarda con mucho orgullo el certificado de buena conducta que recibió Carlos Alberto en 1993, de su jefe en el Batallón de Infantería Motorizada 321 "Capitán Juan Alfaro", ubicado en Huanchaco, Trujillo.

Sus familiares relatan que el joven siempre contó con el respaldo de sus jefes y que uno de ellos fue el actual presidente de la República, Ollanta Humala.

Al dejar el servicio militar, los hermanos regresaron a Chimbote, a la casa familiar, se instalaron, formaron familia, encontraron trabajo y continuaron con sus vidas.

Carlos Alberto trabajó como motorista, mientras que su gemelo, Luis, en construcción civil.

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